miércoles, 21 de enero de 2015

Capitulo 2º: Reencuentro

7:25
El humo me hacía toser, y me secaba la garganta. El sol brillaba entre negras nubes. Las iglesias seguían ardiendo y la revolución continuaba. Mi fusil reposaba sobre mi falda, y mis ojos atentos miraban hacía el infinito. Un disparo me sacó de mi sueño despierto. Después del incidente en el puente, había decidido pasar la noche en una casa cercana a él. Miré por la ventana y vi un cadáver todavía sangrando. Del asesino, ni rastro alguno. Decidí mirar la hora. Eran las 7:30. Encontré una mochila y la llené con mis escasas pertinencias. Agarré mi fusil. Lo cargué, y me dirigí hacia la puerta.

7:40
La calle estaba desierta. Caminé  por la acera hasta llegar al puente. Me apreté bien la mochila, agarré bien el fusil, y empecé a correr. Crucé el puente esquivando socavones. A una velocidad vertiginosa. Al llegar al otro lado me senté tras un muro de escombros y justo en ese momento una bala impactó a dos metros a mi derecha. Justo lo que más temía, un francotirador.

8:00
Saqué mi gorra de la mochila y le puse un palo para levantarla por encima de los escombros, la sostuve por encima del muro, hasta que el francotirador se percató de ello. La gorra voló unos metros por detrás del muro tras el impacto de la bala en ella. Me senté, y a los cinco minutos salí de mi escondite tranquilamente, puesto que el francotirador ya debería pensar que había muerto.

8:45
La casa de mi amigo estaba a unos metros de mí. Paré en su portal, y llamé gritando mi nombre. Sin respuesta. Volví a hacerlo. Sin respuesta. Decidí escalar por el árbol del jardín. Salté la valla que separaba la casa de la calle. La puerta que daba a la casa des del jardín estaba cerrada. Volví a llamar como antes, gritando mi nombre. Esta vez hubo respuesta. La puerta se entreabrió, y la silueta de mi amigo Marc se asomó. Al verme abrió la puerta de golpe y saltó sobre mí abrazándome.

9:45
Casa de mi amigo todavía tenía agua corriente y electricidad, y por eso no había sido el único en acudir a él. Tres compañeros de clase también estaban allí. Gabriel, un chico de pelo moreno y bastante alto estaba sentado en un sofá. Arnau, un chico de ojos oscuros y bastante bajito, se estiraba en el suelo, con un ordenador delante, intentando acceder a señales de satélite y radio para poder saber que estaba pasando en el resto del país. Martín, un Punk rubio, con el pelo muy corto. Había decidido apoyar a la revolución obrera pero decidió no alistarse en milicias ni nada del estilo, era un chico muy fiel a sus amigos y fue el primero de nosotros a llegar. Y por último, quedaba Joan, tenía el pelo muy corto, los ojos marrones, y las manos llenas de cicatrices.
Todos ellos me saludaron con la cabeza. Joan me dijo que me fuese a duchar, y me esperarían para comentar la situación.
El agua tuvo un efecto sanador sobre mí, me enjaboné bien y me vestí con la ropa que tenía en la mochila. 

10:15
Bajé Tenia todavía el pelo mojado, y pequeñas gotas caían sobre mi frente. Todos mis compañeros me miraron con mala cara. Arnau comentó la situación:
 -La revolución se ha esparcido hacia el interior, todos los obreros de Cataluña se han levantado en armas, y los sindicatos han declarado la huelga general temporalmente indefinida.-
Joan nos comentó la otra cara de la moneda:
-La OTAN ha hecho un comunicado a todo los medios de comunicación activos, anuncian que todo aquel que decida no formar parte de la revolución se dirija hacia las fronteras con Francia y cruce los pirineos.
Martin se levantó de su butaca y mostró su des acuerdo con esta idea, él sabía más que nadie como pensaban los obreros.
-los revolucionarios, decidirán ir hacia la frontera y controlar la gente que pasa y los fusilaran a todos y cada uno de ellos. Así que no es plan-
Todos decidimos descartar la opción de la OTAN. Así que decidimos pasar el resto del día haciendo inventarios, contando munición.

22:45
Todos estábamos exhaustos. Joan había contado municiones y empezó a compartir sus cifras. Teníamos: dos fusiles, con 100 balas para cada uno, Cinco pistolas, y 56 balas para cada una de ellas, y un arco de caza deportiva con 80 proyectiles.
Yo había hecho el inventario de comida, y teníamos: carne seca y enlatada como para unos dos días, algunas verduras guardadas en el frigorífico y croquetas en el congelador, junto a carne helada y algo de conservas. En total podríamos estar aquí dentro sin necesidad de salir unos quince días.
Martín y Arnau, habían atrincherado el pasillo y dispuesto algo de municiones sobrantes en las improvisadas barricadas del pasillo.
Montamos turnos de guardia de dos horas cada turno. Y empezamos a dormir.

Mañana será otro día. 


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